
Aquí los muertos no cantan,
de Julieta Navarrete

Apenas hace unas semanas, al recorrer el jardín Hidalgo, en pleno centro de la alcaldía de Coyoacán, en la Ciudad de México, durante la Feria Internacional del Libro en dicha localidad (FILCO 2024), y teniendo a Guanajuato como estado invitado, pude constatar, una vez más, una de las problemáticas más recurrentes en este tipo de ferias que alientan la facilidad, la superficialidad y un malentendido pragmatismo, pero menosprecian, por el contrario, la dificultad, el esfuerzo, la crítica o el pensamiento propio.
Es cierto que también hubo cabida para eventos que privilegiaron la experiencia íntima y colectiva, la palabra ajena y el compartir las experiencias lectoras. Todo esto para comentar, sugerir y reflexionar sobre el lector literario, sobre esa experiencia de saber que todos los libros no les gustan a todos los lectores, aunque siempre hay un libro para cada lector. En Aquí los muertos no cantan, de Julieta Navarrete Cervantes, publicado por Ediciones La Rana dentro de la colección del Fondo para las Letras Guanajuatenses, se apela, primordialmente, a ese lector literario, es decir, a un lector receptivo, crítico e interpretativo.
Nueve cuentos relatan, en su conjunto, la historia de un pueblo. Un espacio onírico que de alguna manera rinde homenaje por su claro tono melancólico al lugar de origen de la autora (nació en Baja California Sur, en 1992), pero que funciona sin menoscabo alguno de una referencia geográfica más precisa. Con una prosa que sorprende por su pulcritud y a propósito de la cual la narradora y poeta, Claudina Domingo, quien asesoró a esa generación del seminario de cuento Efrén Hernández, nos hace constar en calidad de reseñista en la contraportada del libro: “…el tono de la escritura es de una morbidez rulfiana muy acertada, sin que este epígono haga mella de la propuesta de la narradora.”
El uso medido de un determinado idiolecto de la frontera norte nos remite a circunstancias personales, sociales y geográficas, pero, a su vez, nos habla de una prosa inteligente para el que leer y escribir no son sólo tareas lingüísticas o procesos psicológicos, sino, prácticas socioculturales. Para Navarrete leer significa descifrar la prosa y recuperar los implícitos, pero también darse cuenta del significado que cada comunidad otorga a una palabra. Y puesto que la sociedad y la cultura evolucionan, también cambian los significados, el valor de cada palabra, de cada texto, es decir, cambian nuestra manera de leer y escribir.
No por nada desde el epígrafe en Aquí los muertos no cantan, cuya autoría pertenece a Clarice Lispector, la narradora enmarca de manera prodigiosa el cuentario por iniciar: “¿Cómo comenzar por el principio si las cosas suceden antes de suceder?”
Aquí los muertos no cantan, de Julieta Navarrete Cervantes, colección Fondo para las Letras Guanajuatenses, Ediciones La Rana, Gunajuaato, 2023.
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